Sebastián Villagra Villalobos es matrón titulado de la Universidad San Sebastián. Actualmente cursa un diplomado en Gestión y Políticas en Salud Pública en la Pontifícia Universidad Católica de Chile, con especial interés en la gestión territorial, la implementación de políticas públicas y la promoción de la educación sexual desde un enfoque de derechos humanos.
Cada nueva tecnología que surge trae consigo una pregunta implícita. Primero fue la imprenta, después internet, ahora es la inteligencia artificial quien nos obliga a enfrentar un cuestionamiento que siempre nos ha perseguido. Silvia Bardelás plantea “las nuevas tecnologías son un revulsivo, nos obligan a plantearnos quiénes somos”. A día de hoy, quien está respondiendo esa pregunta, aún sin saberlo, es un adolescente que se planta frente a una pantalla para preguntarle a un algoritmo cosas que nadie más ha sabido, o ha tenido la intención de responder, sobre su propio cuerpo.
Por Sebastián Villagra.
No es un caso aislado. Frente a la aparición de preguntas que antes se resolvían con un amigo, una amiga, alguien de su misma edad, y en menor medida con la madre, el padre, una profesora, o algún profesional del CESFAM de su comuna, hoy muchos adolescentes eligen una pantalla que responde de forma instantánea, sin pausas, sin silencios, sin incomodidad. No hay puerta que golpear ni hora que pedir. Solo una conversación on demand que se termina cuando se le ordena, con “alguien” que nunca se cansa de escuchar.
Bardelás recoge una idea de Jean-Luc Nancy que cobra cada vez más sentido: “la comunidad en el fondo sólo existe donde aparece, no se puede imponer”. El concepto de comunidad, de vínculo real, solo aparece frente a la espontaneidad de la comunicación, solo se genera como consecuencia de las tensiones, contradicciones, sorpresas y conversaciones que se dan con un otro. Un adulto real puede preguntar de vuelta “¿por qué preguntas esto?”, puede notar algo distinto en el tono de voz o en el lenguaje corporal y, si hace falta, pedir ayuda o derivar a alguien más. Una inteligencia artificial no puede hacer eso, está entrenada para no incomodar, diseñada hasta su núcleo como una herramienta que evita los roces que generan los vínculos interpersonales, y por eso mismo no puede preocuparse, no tiene continuidad ni memoria real de quién tiene enfrente. Aun así, está surgiendo como principal reemplazo de las formas en que adolescentes y jóvenes se educan sobre sexualidad. El vacío que se genera a consecuencia de esto no es creado por la tecnología, sino por la ausencia previa de un adulto, una clase o un espacio clínico donde esas dudas pudieran haber surgido primero.
“Una inteligencia artificial puede informar… pero no puede mantener un vínculo real. Y mientras el Estado siga delegando esa tarea, seguirá siendo una pantalla, y no una persona, quien se encargue de formar a los adolescentes”.
Más del 70% de los adolescentes ya ha usado algún compañero de inteligencia artificial, y un tercio de ellos ha elegido hablar de asuntos importantes o serios con la IA en vez de con una persona real. Es una situación dolorosamente evidente, mientras el Estado posterga una educación sexual integral con enfoque de derechos, un algoritmo sin cuerpo ya está teniendo esa conversación, todas las noches, con todos aquellos adolescentes y jóvenes que no encontraron otro lugar donde tenerla.
La pregunta de quiénes somos no se responde en soledad, decía Bardelás. Tampoco debería responderla un algoritmo, solo porque nadie más quiso hacerlo antes. Nancy se cuestionaba sobre la forma de educar a los niños en un mundo donde la comunidad ya no puede imponerse, quizás la respuesta recaiga en dejar de exigirle a una máquina lo que nos corresponde como sociedad. Una inteligencia artificial puede informar… pero no puede mantener un vínculo real. Y mientras el Estado siga delegando esa tarea, seguirá siendo una pantalla, y no una persona, quien se encargue de formar a los adolescentes y jóvenes en materias de salud sexual y reproductiva.
Fuentes:
Bardelás, S. (2026). Una conciencia nueva: La urgente pregunta de quiénes somos. Acantilado.
Robb, M. B., & Mann, S. (2025). Talk, trust, and trade-offs: How and why teens use AI companions. Common Sense Media.


Sebastián Villagra Villalobos es matrón titulado de la Universidad San Sebastián. Actualmente cursa un diplomado en Gestión y Políticas en Salud Pública en la Pontifícia Universidad Católica de Chile, con especial interés en la gestión territorial, la implementación de políticas públicas y la promoción de la educación sexual desde un enfoque de derechos humanos.