El martes 25 de noviembre, en el marco del Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, el Museo Nacional de Bellas Artes se convirtió en un espacio de escucha activa, memoria y reconocimiento.
Por Facundo Ríos.
La jornada dedicada a visibilizar las memorias, violencias y resistencias de mujeres que viven con VIH fue un éxito por la profundidad de sus contenidos y la potencia de los testimonios compartidos.

La actividad impulsada por el archivo comunitario Un Cuerpo en Expansión y realizada en colaboración con organizaciones aliadas, entre ellas Mujeres con Energía Positiva y Fundación Savia, abrió con el Conversatorio “Urdiendo Memorias: Mujeres y VIH”, durante el que la directora del museo, Varinia Brodsky, subrayó el sentido político y ético de acoger esta actividad: abrir un espacio institucional para testimonios históricamente silenciados, romper estigmas y reconocer que la violencia contra las mujeres se manifiesta en múltiples dimensiones —físicas, simbólicas e institucionales— que impactan a toda la sociedad. En su intervención, recordó además datos recientes de ONU Mujeres, enfatizando la persistencia de la violencia de género y sus efectos en la salud y la vida de las mujeres, incluida la relación con el VIH.
Uno de los momentos más significativos de la jornada ocurrió en el Hall Central con el taller “Hilvanando historias 0+”, un bordado colectivo en memoria de mujeres fallecidas por complicaciones del SIDA, facilitado por Patricia Ruiz. Esta instancia propuso una dinámica sensible que permitió entrelazar experiencias personales y memoria colectiva: cada puntada funcionó como un gesto de recuerdo, duelo y reconocimiento. El bordado, lejos de ser solo artesanal, se convirtió en un lenguaje compartido para contener reflexiones, nombrar ausencias y sostener afectos, reafirmando que el cuidado también se construye desde prácticas comunitarias.
“que ninguna mujer se sienta sola y que sepa que existe una red dispuesta a sostenerla”. Susana Unzaga. Mujeres con Energía Positiva.

El corazón del encuentro estuvo en las voces de las mujeres. El testimonio de Susana Unzaga resonó con especial fuerza al relatar que vivir con VIH implicó “volver a nacer” y atravesar años de culpa y vergüenza que marcaron etapas cruciales de su vida. Su reflexión puso en evidencia una forma de violencia poco nombrada: la negación del derecho de las mujeres con VIH a decidir sobre la maternidad. “Queremos que a las mujeres se les pregunte si quieren ser madres o no”, afirmó, vinculando esta demanda con el sentido del día contra las violencias hacia las mujeres.
Al mismo tiempo, su palabra abrió un horizonte de esperanza. Al compartir cómo hoy resignifica la maternidad desde el cuidado —propio y compartido—, destacó el poder reparador del acompañamiento entre mujeres: “Cuando acompañamos a otras mujeres que viven con VIH, siento que mi corazón se repara”. Su llamado final fue claro y solidario: que ninguna mujer se sienta sola y que sepa que existe una red dispuesta a sostenerla.
La jornada del martes 25 dejó una certeza compartida: estos espacios no solo son necesarios, sino urgentes.
Convertir el museo en un lugar de memoria viva, reflexión y acción colectiva permitió reafirmar que la cultura y el archivo comunitario son herramientas fundamentales para la defensa de los derechos humanos. Las voces, los hilos y las palabras que se entrelazaron ese día no solo narraron experiencias individuales; construyeron un relato común que interpela, cuida y proyecta futuros más justos y dignos.













Fuente: CorresponsalesClave.

