Envejecer con VIH: el desafío de garantizar derechos durante todo el curso de la vida

El Primer encuentro reunió a organizaciones sociales, autoridades y actores del sistema de salud para abordar los desafíos que enfrentan las personas mayores que viven con VIH, desde la adherencia al tratamiento hasta el acceso a una atención integral y libre de estigma.

Por Cristóbal Pradel Silva.

En agosto de 2026 se realizó en Viña del Mar el primer encuentro “Envejecer con VIH: desafío para garantizar derechos a lo largo del curso de la vida”, una instancia que convocó a representantes del ámbito público, académico y comunitario para reflexionar sobre una realidad que adquiere cada vez mayor relevancia: las personas que viven con VIH están envejeciendo y las políticas de salud deben responder a esta nueva etapa de sus vidas.

El encuentro contó con la participación de representantes de SENAMA, la SEREMI de Salud de Valparaíso, el área de VIH del Ministerio de Salud, la Corporación de Mujeres con Energías Positivas y Fundación Savia, además de la presencia de la seremi de Salud de la Región de Valparaíso, Mariol Luan.

En representación de Fundación Savia participó Víctor Parra, integrante del Observatorio de Políticas Públicas en Salud, VIH y Derechos Humanos, quien presentó antecedentes vinculados al trabajo de monitoreo social desarrollado por la organización.

Envejecer también es parte de la respuesta al VIH

El envejecimiento de las personas que viven con VIH es, en buena medida, una consecuencia de los avances alcanzados por la propia respuesta sanitaria. El acceso sostenido al tratamiento antirretroviral ha permitido que las personas con VIH puedan alcanzar una expectativa de vida cercana a la de la población general.

ONUSIDA ya advertía hace más de una década sobre este cambio demográfico. En América Latina, el 15% de las personas adultas que vivían con VIH tenía 50 años o más en 2012, una proporción que había aumentado progresivamente en distintas regiones. La organización señalaba entonces que los servicios relacionados con el VIH debían adaptarse a las necesidades específicas de las personas mayores.

El desafío, por tanto, no termina cuando una persona logra acceder al tratamiento. La respuesta debe acompañar todo el curso de la vida.

Esto implica abordar no solamente la continuidad de los tratamientos antirretrovirales, sino también las necesidades asociadas al envejecimiento, la salud mental, las enfermedades crónicas, la salud sexual, la prevención y las condiciones sociales que pueden afectar la calidad de vida.

La propia respuesta internacional al VIH plantea actualmente la necesidad de eliminar las barreras estructurales y sociales que dificultan el acceso a servicios de prevención y tratamiento, además de avanzar hacia sistemas de salud integrados y libres de estigma.

Adherencia, estigma y acceso a salud sexual

Durante el encuentro se compartieron también resultados de un estudio desarrollado por Fundación Savia sobre adherencia al tratamiento antirretroviral, poniendo en el centro las experiencias y condiciones que pueden favorecer o dificultar la continuidad de los tratamientos.

La adherencia no puede entenderse únicamente como una responsabilidad individual. Factores relacionados con el acceso a la atención, las condiciones de vida, la relación con los equipos de salud y las experiencias de discriminación pueden influir en la manera en que las personas transitan sus tratamientos.

En este contexto, uno de los desafíos planteados durante la jornada fue la necesidad de fortalecer el acceso de las personas mayores que viven con VIH a controles de salud sexual y a estrategias preventivas.

La sexualidad de las personas mayores continúa muchas veces invisibilizada, y esta invisibilización también puede afectar la prevención y el diagnóstico oportuno de VIH e ITS.

Cuando se asume que las personas mayores no tienen vida sexual, se generan espacios de silencio que pueden dificultar el acceso a información, prevención y atención pertinente.

Del tratamiento a una vida con derechos

El desafío de envejecer con VIH también obliga a ampliar la mirada sobre lo que entendemos por éxito de la respuesta sanitaria.

No basta con que una persona permanezca en tratamiento.

La pregunta también es cómo está viviendo, qué calidad de vida tiene, si puede acceder a una atención integral, si sus necesidades de salud sexual son reconocidas y si puede envejecer sin enfrentar discriminación por su edad o por vivir con VIH.

Para Fundación Savia, esta perspectiva se relaciona directamente con su trabajo histórico de defensa de los derechos de las personas que viven con VIH y con la labor del Observatorio de Políticas Públicas en Salud, VIH y Derechos Humanos: observar las políticas, identificar brechas y poner en discusión aquellas dimensiones que pueden quedar fuera de los indicadores sanitarios.

En Chile, el VIH cuenta con garantías de diagnóstico y tratamiento dentro del sistema de salud, y el Ministerio de Salud dispone además de orientaciones técnicas específicas para la adherencia al tratamiento antirretroviral.

Pero garantizar derechos durante todo el curso de la vida requiere ir más allá de asegurar una prestación.

Requiere que los servicios estén preparados para las distintas etapas del envejecimiento, que la atención considere la salud sexual y mental, que exista prevención adecuada y que las personas puedan relacionarse con el sistema sanitario sin temor al estigma.

Una respuesta que debe anticiparse

El envejecimiento con VIH ya no puede ser considerado un fenómeno marginal. Es parte de la realidad de una generación de personas que ha atravesado distintas etapas de la epidemia y que hoy enfrenta nuevos desafíos.

La respuesta al VIH, entonces, también debe cambiar.

Si durante décadas la prioridad fue lograr que las personas pudieran sobrevivir al VIH, hoy el desafío es garantizar que puedan vivir, envejecer y ejercer plenamente sus derechos.

Y para ello se requiere una respuesta sanitaria, pero también social, comunitaria y basada en derechos.

Porque envejecer con VIH no debería significar envejecer con menos derechos.


Fuente: Elaboración propia / Fotografía: Fundación Bienestar Mayor.