El virus no calla: desobediencia en la memoria

En el marco del Festival Incorregibles, el Centro Cultural de España se convirtió en el epicentro del Día de Acción y Respuesta al VIH.

Por Facundo Ríos.

Entre performances, poesía, música y ejercicios de memoria disidente, emergió una constatación ineludible: la respuesta comunitaria en VIH —sostenida históricamente por activismos que han resistido al abandono estatal— enfrenta hoy un escenario aún más incierto. Las políticas públicas continúan siendo frágiles, discontinuas y subordinadas a la voluntad del gobierno de turno, revelando un Estado que sigue eludiendo su responsabilidad estructural frente a una crisis que afecta especialmente a cuerpos y comunidades precarizadas y disidentes.

Uno de los momentos más potentes fue el conversatorio “Virus y Desobediencia”, con la participación de Lu Núñez, Kevin Magne y César Valencia. Fue justamente Valencia quien subrayó con mayor fuerza la urgencia de reorganizarse colectivamente ante el avance de lógicas autoritarias y fascistas que recorren la región. La desobediencia —planteó— dejó de ser un gesto simbólico: hoy es una necesidad política para garantizar nuestras vidas y nuestras memorias.

Incorregibles como plataforma cultural de resistencia

Lejos de cualquier solemnidad vacía, Incorregibles reafirmó su lugar como plataforma de resistencia cultural. Talleres, cine, lecturas poéticas y ejercicios de archivo comunitario articularon un lenguaje que desborda los límites de la cultura oficial, abriendo espacio para memorias y experiencias históricamente silenciadas, patologizadas o simplemente expulsadas del relato dominante.

César Valencia, artista visual y colaborador del Archivo Comunitario de VIH Un Cuerpo en Expansión, lo sintetizó así:

“En tiempos de un genocidio en curso y con la ultra derecha fascista en avanzada latinoamericana, nos parece necesario que como comunidades seropositivas seamos un piño que viralice la pérdida del miedo y el silencio que ha perseguido nuestras memorias tanto tiempo. Es necesario acompañarnos, escucharnos y planear en conjunto. Desde ese lugar nace la idea de un frente de sidosas antifascistas, porque es urgente y necesario, porque somos un piño contextualizado y con la potencia de preguntarnos: ¿Dónde y con quiénes estamos las sidosas antifascistas?

Pensar el presente para no perder lo conquistado

La señal que dejó Incorregibles es clara: lo que las comunidades de diversidades sexuales y de género han construido durante décadas —archivos, redes de cuidado, saberes, políticas culturales, contención emocional— no está garantizado.

Allí donde avanza la ultraderecha, el VIH vuelve a transformarse en tabú, las diversidades vuelven a ser culpabilizadas y el cuidado se convierte en control.

En ese escenario, volver a encontrarnos no es nostalgia: es estrategia de supervivencia.

Fortalecer alianzas, disputar sentidos en el ámbito comunicacional y sostener espacios culturales críticos se vuelve urgente. Porque en tiempos de retroceso, la cultura, el arte y la palabra no son adornos, sino trincheras desde donde defender lo conquistado y seguir imaginando futuros posibles.

El VIH, lejos de ser un tema del pasado, sigue siendo una pregunta profundamente política: ¿qué tipo de sociedad estamos dispuestos —o no— a defender?


Fuente: CorresponsalesClave.