Columnas de opinión

Perspectivas y desafíos para el VIH en Chile: las bases son la clave

Valeria Stuardo es doctora en Salud Pública, asesora técnica de Fundación Savia y profesora asistente del programa de epidemiología de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Chile.

Valeria Stuardo es doctora en Salud Pública, asesora técnica de Fundación Savia y profesora asistente del programa de epidemiología de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Chile.

Los años pasan, la epidemiología cambia y las causas detrás de las causas  de las enfermedades se modifican. Todo es dinámico y hay que estar preparados para ver los fenómenos de salud desde una perspectiva sistémica.

Actualmente la dinámica que subyace a la epidemia de VIH a nivel mundial se caracteriza por una disminución de la mortalidad, un aumento de la prevalencia  y una mantención de las nuevas infecciones.  A pesar que hay tendencias a nivel global, desde los inicios de la epidemia de VIH la región de las Américas presenta patrones epidemiológicos diferenciados con respecto al resto del mundo, estas diferencias se relacionan a los determinantes sociales presentes en cada país. Así, por ejemplo, la situación geográfica, las vías transmisión y la capacidad de respuesta de cada país condicionan esta dinámica.

 

Actualmente se habla del tratamiento 2.0, el 90-90-90  y la prevención combinada del VIH, pero: ¿cómo está Chile y cuáles son nuestras limitaciones para enfrentar los nuevos desafíos?, ¿cómo responderá Chile a sus compromisos internacionales relacionados con el tema?

En vigilancia del VIH  y otras ITS, hay que avanzar hacia la monitorización social, hacia modelos de vigilancia de segunda generación. Esto contribuye a mirar a las poblaciones vulnerables, no solo en términos de riesgo de infección sino también en términos de determinación social de la enfermedad. Así, cobra gran importancia fenómenos como el proceso migratorio emergente y la vulnerabilidad de las mujeres o de la población joven.

En términos de prevención primaria, la mirada debe ir más allá del uso condón o los tipos de parejas sexuales, también se debe contemplar: la  promoción, protección y respeto por los derechos humanos,  intervenciones para fortalecer el marco legal y regulatorio, intervenciones  en el sistema educativo y los ambientes laborales, además de la incidencia comunicacional a  través de los medios masivos, entre otros.  Para la  prevención secundaria, sin duda resulta de gran importancia la detección de nuevos casos de forma precoz, además del acceso digno y oportuno al sistema sanitario.

En términos de control de la enfermedad, si bien el acceso al tratamiento antirretroviral es universal y está garantizado por ley en Chile, la baja adherencia global es un problema. La baja adherencia impacta directamente sobre la calidad de vida de las personas que viven con VIH, aumenta la morbi-mortalidad asociada, la resistencia farmacológica e impacta directamente en la prevención. Cada vez en el país  se gastan más recursos (93% del presupuesto en VIH) en tratamiento, esto deja  a  la prevención  en un segundo o tercer plano lo cual no es aceptable en un país con  epidemia concentrada.  

 

En este contexto, el  apoyo y las alianzas con  las ONGs que trabajan la temática es imprescindible.  Acciones como las pruebas rápidas de VIH y otras ITS, check points comunitarios para acceder a  diferentes poblaciones e investigación asociativa son estrategias necesarias.  Esto funciona, es costo-efectivo, es perspectiva comunitaria,  está demostrado en muchas partes del mundo, no hay justificación para no fomentarlo.  

 

Hay que organizarse en una plataforma social, considerando las características de la epidemia en Chile,  los compromisos adquiridos y los desafíos sociales: las bases son la clave. 

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