Columnas de opinión

Día Mundial del SIDA

Con el lema “Cerremos la brecha” se conmemoró el día mundial de acción contra el VIH/sida. Esta fecha se designó en 1988 con la finalidad de concienciar sobre este problema y hoy se hace prioritario mantener el estado de alerta sobre esta pandemia.

En el ocaso del 2014, este sigue siendo uno de los problemas de salud pública más graves del mundo. Mantiene su posición como el virus más mortífero, alrededor de 36 millones de personas han muerto a causa de él. Los países de bajos ingresos son los más afectados. Más de dos millones de adolescentes en todo el mundo viven con el virus y la mayoría de ellos no recibe un buen tratamiento.

Aún el VIH es la principal causa de muerte entre las mujeres en edad reproductiva. En 2013, casi el 60% de las nuevas infecciones entre los jóvenes de entre 15 y 24 años se dieron en mujeres adolescentes. Las enfermedades relacionadas con el Sida son la principal causa de muerte entre los adolescentes de entre 10 y 19 años en África, se estima que la prevalencia del VIH es hasta 28 veces mayor entre los usuarios de drogas inyectables que entre la población general.

Reducir a la mitad la transmisión sexual del VIH, acabar con la transmisión de madre a hijo y garantizar que las personas seropositivas tengan acceso a servicios básicos de atención y apoyo; son algunos de los objetivos que ONUSIDA fijó para 2015.

Chile es un país privilegiado respecto del tratamiento del VIH. No obstante, en el último año la mortalidad aumentó. Esta situación es grave, tratándose de una condición que se puede prevenir.

Fundación Savia trabaja hace 14 años en la temática y con propiedad, mediante su Observatorio de Políticas Públicas puede afirmar que nuestro país no puede esperar más para aplicar políticas públicas con una clara orientación a prevenir no sólo al grupo de homo, étero o transexuales. Queda mucho por hacer en poblaciones de migrantes, pueblos originarios, mujeres, adultos mayores, privados de libertad y jóvenes. Es hora de implementar acciones para promover la salud sexual transversal desde la adolescencia, mediante la coordinación intersectorial que implica una educación en la inclusividad y sin ocultismo.

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