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¿Femicidio encubierto? Mujeres contagiadas de VIH por su pareja única

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“Lo único mortal del VIH es no saber que lo tienes. Hazte el examen a tiempo”, reza el slogan que acompañó la última campaña anual realizada por el Ministerio de Salud, en diciembre del 2013.

El único problema es que uno de los grupos más expuestos en este  momento en nuestro país, las dueñas de casa con pareja única y que no imaginan que están en la población de riesgo, sienten que la campaña no va dirigidas a ellas. Por lo tanto, no se practican el test.

Según cifras del ministerio de Salud en Chile hay 40 mil personas que portan el virus, de éstas un poco menos de 30 mil han sido notificadas, el resto no lo sabe.

Hace  algunas décadas la proporción era una mujer por cada 13 hombres contagiados, hoy es de una a cinco. Dos tercios de ellas son dueñas de casa, con pareja estable de entre 30 y 49 años, según datos del Minsal.

 

Violencia sexual y abandono

Marcela Silva, presidenta del capítulo chileno de la ONG IWC Latina y portadora del VIH/SIDA, señala que el 98% de las mujeres de la organización que ella preside fueron contagiadas por su compañero único.

“Hemos sido víctimas de violencia sexual sin ninguna posibilidad de defendernos, hemos sido pisoteadas y abandonadas por la sociedad y a diario debemos enfrentarnos con la apatía y discriminación de quienes nos responsabilizan por nuestra situación”, dice para abrir un desgarrador relato.

“A mí me contagió mi marido y me enteré sólo un mes antes de que él se muriera, en noviembre de 1997. Después de su funeral su hermana me contó que mi esposo tenía VIH desde 1993 y que toda su familia lo sabía”, relata a El Lapicero la afectada.

Es más, ni el equipo médico del Hospital Félix Bulnes ni el del San José, que atendían al compañero de toda su vida, se lo advirtieron por el derecho a la privacidad de la información que existe en esta materia.

Explica que en ese momento sintió que ella y su niña, que en ese entonces tenía seis años, habían sido sacrificadas sin piedad. “Gracias a Dios ella y su hermano, que tuve después del diagnóstico, son cero negativo”, complementa.

 

Triterapia y virus invisible

“Para muchos la triterapia borró el VIH de la faz de la Tierra, pero la verdad es que éste sigue presente y silencioso se expande entre quienes ignoran que pueden llegar a contraerlo, explica Marcela.

Para este grupo en Chile no hay ningún tipo de campaña, “es más en nuestro país no hay prevención ni un esfuerzo comunicacional constante. Hoy todos histéricos por el ébola  y pocos recuerdan que el Sida sigue siendo un mal que acecha al mundo”, agrega la mujer.

Las dueñas de casa no se atreven a solicitar el examen, “pues por muchos años las campañas de VIH mostraban a mujeres promiscuas o a la población homosexual y eso es bien difícil de sacar de la cabeza de la gente”, complementa.

 

Escasos recursos empeoran panorama

Ser portadora de VIH y vivir de Plaza Italia para arriba es un cuento bien diferente de residir de ahí para abajo, confiesa Marcela Silva.

“Muchas de estas mujeres que viven al tres y al cuatro son viudas, se hacen cargo de sus hijos, deben proveerlos cuidarlos y en algunas ocasiones contenerlos porque también son portadores. ¿A qué hora se hacen cargo de sí mismas?”, se pregunta.

“Somos el grupo de la sociedad de los sin voz, pues muy pocos se acuerdan que hay niños y adolescentes que son víctimas de este tema y que suelen tener como único sostén a su madre”, agrega.

Por eso la presidenta del capítulo chileno de IWC Latina, hace rato viene pidiendo recursos, campañas y medidas de prevención para ellos. “El Sida es un problema de todos y cada esfuerzo comunicacional debe incluir a todos los ministerios. Esto es lo que solicitamos al Gobierno anterior y al actual”, complementa.

 

Aceptación y abandono de tratamientos

La postura de Silva queda reafirmada en las cifras del Minsal que revelan que tanto en hombres como en mujeres es un factor de vulnerabilidad el nivel socioeconómico y sobre todo el educacional.

El doctor José Manuel Manríquez, académico del Programa de Epidemiología de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Chile señala que si bien es cierto la población con conducta bisexual y homosexual sigue siendo la que concentra más infectados, es alarmante el avance del mal entre las dueñas de casa de escasos recursos y con menor acceso a la información.

También es un tema de género revela el experto, pues en este grupo suele aceptarse la fidelidad como condición exclusiva para las mujeres y éstas tienen pocas posibilidades de exigir medidas de prevención como es el uso del preservativo.

En este escenario,  ”la aceptación de la enfermedad es un proceso largo que retarda el tratamiento y lo que es peor incentiva el abandono de éste”, dice el experto.

Según datos del Minsal, cerca del 10% de las mujeres deja la terapia: Esto es, fundamentalmente, porque son dueñas de casa y no cuentan con el tiempo ni pueden dejar a sus hijos solos para acudir a los centros de salud a buscar los medicamentos. La situación no es diferente para las que trabajan y deben pedir permiso constantemente.

“Hay otro porcentaje que cae en depresión sobre todo por los efectos secundarios que traen los remedios y esto las hace perder el interés de su propia su salud”, afirma el doctor Manríquez.

Eso además de  algunas consecuencias con los órganos está el tema estético, pues el tratamiento produce lipodistrofia, que es la acumulación de grasa en diferentes partes del cuerpo como el abdomen y parte posterior del cuello y una pérdida de ella en el rostro, brazos y piernas.

“Es decir, la portadora del VIH queda en evidencia ante sus pares y han descubierto que si disminuyen las dosis, también los efectos colaterales. Se sienten mejor, pero a la larga se hacen más daños y por eso terminan abandonando la triterapia”, revela el profesional.

 

Un cambio cultural: el condón femenino

La Comunidad Internacional de Mujeres Viviendo con VIH/SIDA Chile  aboga por un cambio cultural respecto al derecho de las mujeres de decidir sobre su propia sexualidad y su autocuidado.

Pero para eso es necesario que la sociedad se comprometa y así como hoy existe disponibilidad de preservativos masculinos, ellas piden que los recintos de salud dispongan del condón femenino.

Este dispositivo, que no se comercializa en Chile, no le costaría al Estado más de 300 pesos, según Carolina Poulsen, socióloga del Sernam, organismo que apoya la campaña iniciada por este grupo de mujeres.

Marcela Silva, revela que están juntando firmas hasta fin de año para comprometer a la ministra de Salud, Helia Molina, en este proyecto que al final significa un enorme ahorro de recursos difícil de cuantificar para nuestro país.

 

¿Silencio como femicidio?

Marcela Silva nos explica que cuando un hombre que sabe que está infectado y lo oculta a su mujer la violenta sexualmente, la condena a una muerte social y a la larga, incluso, a la física.

Por eso, desde hace casi un año se están asesorando por un grupo de abogados porque quieren que esto se transforme en un delito. “Es otra forma de femicidio y queremos que se legisle una nueva ley del Sida donde se castigue y repare esta injusticia. Sabemos que la lucha es larga, pero estamos dispuestas a dar la pelea en el Congreso”, finaliza la mujer.

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