Columnas de opinión

La discriminación, una lucha de vida a 200 años del descubrimiento de América

Luis Antonio Benavides, presidente Agrupación Positivamente Positivos Talcahuano.

Octubre 2013

El concepto HSH ha venido dando vueltas desde hace muchos años en algunos hombres que tienen sexo con hombres. Sin embargo, en conversaciones con grupos de hombres, comentan que no les gusta sentirse identificados con esta terminología extranjera, poco clara e impuesta. En este contexto se vuelca la mirada hacia las masculinidades de los hombres, que son atraídos por personas del mismo género y que no se definen como homosexuales. Es decir, las concepciones en las terminologías impuestas nos llevan a no reconocer estas prácticas.

Un hombre que siente atracción por otro hombre no se identifica con una frase cliché, porque se estigmatiza de forma inmediata, considerando que en nuestro país se enjuicia a todos por cualquier cosa que cause un impacto no grato a las miradas de las personas “normales”. La no discriminación por sexo, raza, nacionalidad etc., está garantizado en nuestra Constitución, pero son tantos los vacíos que presenta, que ha sido necesario ir redactando otros instrumentos para recalcar el derecho de las personas y  que éstas no sean transgredidas en sus principios.  

Es así que con el terrible asesinato de Daniel Zamudio, se generó un precedente en Chile sobre la búsqueda y enjuiciamiento de sus  asesinos, lo que es un avance para crear una sociedad de respeto. Sin embargo, aún muchas personas transgéneras siguen siendo violentadas, al igual que  trabajadoras sexuales, homosexuales, etc., quienes son permanentemente agredidos.

Entonces ¿cómo podemos enseñar a nuestros hijos a no discriminar, a ser tolerantes? ¿Cuál es la reflexión al respecto?  Que nuestro problema es cultural. La semilla de la cultura, de los principios morales y éticos, tienen que salir de nuestra base familiar, nuestros padres, hermanos, tíos, primos etc., Se debe seguir un patrón de comportamiento social inclusivo que logre traspasar  enseñanzas a sus hijos e hijas, para que de ellos nazca la necesidad de impartir el respeto y, de esta forma, hacer de nuestra sociedad más justa y respetuosa de las diferencias.

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