Columnas de opinión

Uso del condón femenino: equidad frente a una vida sexual integral.

APROFA, Asociación Chilena de Protección de la Familia. Fundada en 1965 y miembro de la Federación Internacional de Planificación Familiar (IPPF), pionera en Chile en materias de Planificación Familiar y Paternidad Responsable.

 

El uso correcto del condón femenino permite a las mujeres empoderarse de su salud sexual y reproductiva teniendo una actividad sexual de manera informada y libre, sin discriminación de ningún tipo, ya que son ellas quienes deciden su utilización.
Este principio se suma a la misión de APROFA que considera a la sexualidad como una parte integral de la personalidad de cada ser humano, alentando a todas las personas, especialmente a las mujeres, a tomar control de sus vidas, buscando promover en éste y otros aspectos siempre la libertad de elección.
Una manera de empoderar a las mujeres es entregarle herramientas como el uso de condón femenino para que decida protegerse, sin tener que “negociar” el uso de condón masculino.
Este método de anticoncepción y prevención de infecciones de transmisión de sexual es muy bien apreciado en otros países, pero en Chile lamentablemente no se ha logrado incorporar como método de autocuidado e independencia.
Su uso es fácil, puede ponerse tres horas antes del acto sexual y, a diferencia del condón masculino, previene la transmisión del Virus Papiloma Humano, VPH.
APROFA es la única entidad que cuenta con autoridad sanitaria para distribuirlo a través de su depósito farmacéutico (mayor información 27375624).
El impacto del uso del condón femenino fue positivo. Hubo un estudio del Minsal (2005) donde se encuestó a estudiantes, mujeres que viven con el virus del VIH y trabajadoras sexuales. Sólo estas últimas habían usado en algunas ocasiones el condón femenino, las estudiantes ninguna vez.
Tanto las mujeres que viven con VIH como las trabajadoras sexuales tuvieron una aceptación positiva, pero con el tiempo muy pocas lo siguieron usando, si es que ninguna. Se cree que puede deberse a su costo (mayor al preservativo masculino, pero posee ventajas comparativas sobre todo en mujeres que viven situaciones donde la negociación del condón masculino es muy difícil) o considerarse antiestético, aunque se comprende que existe un factor cultural, cuya incorporación –al igual que el condón masculino- deberá tener su tiempo de aceptación en la vida sexual plena, segura, responsable y libre.
Hoy las nuevas generaciones están cada vez más proclives a usar el preservativo masculino como método para protegerse y, si las mujeres lo solicitan a su pareja, ya no es tan cuestionado. Eso, no es un cambio menor, no obstante aún falta por promover relaciones equitativas entre los seres humanos, valorando sus diferencias, respetando sus derechos y sobretodo con un enfoque de género que permita igualdad al momento de decidir sobre salud y vida sexual integral.

 

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