Columnas de opinión

Llegar a cero nuevas infecciones por el VIH; llegar a cero muertes relacionadas con el SIDA; llegar a cero discriminación

Por  Humberto Hernández Careaga

Coordinador  ONUSIDA - Chile.

ONUSIDA identifica que la epidemia de Sida en Chile es de tipo concentrada, lo que significa que en la población general del país existe una proporción de personas que viven con VIH que es inferior a un 1% y una proporción de personas, de un grupo específico de la población, que es superior al 5%. La información del Ministerio de Salud indica que la principal vía de exposición al virus es la sexual, representando un 99% de los casos y que la mayor prevalencia del VIH está entre hombres gay y otros hombres que tienen sexo con hombres, población que concentra el 59% de los casos en el quinquenio 2007-2011. La transmisión de madre a hijo/a en el embarazo, parto o lactancia ha mostrado una notoria disminución en los últimos años, producto de la amplia cobertura de la atención prenatal, la oferta del examen de detección del VIH, así como por la disponibilidad y efectividad de tratamientos preventivos en el país.

Si bien la epidemia está presente en todas las regiones del país, afectando a hombres y mujeres, existe una probabilidad de adquirir el virus que es diferenciada, para diversos grupos de la población, según el grado de control que tengan para proponer, demandar y acceder a estrategias de prevención, como por ejemplo, el uso del condón. Esta situación exige mantener estrategias de prevención para la población general y también para aquellos grupos particulares en los cuales existe evidencia de mayor vulnerabilidad. Para estos grupos, se requiere además, de estrategias de enfrentamiento del estigma y discriminación de la que son víctimas en muchas ocasiones. En Chile, los estudios y la experiencia desarrollada por los equipos de salud y las organizaciones sociales identifican que el estigma y la discriminación que afecta tanto a los hombres homosexuales como a las mujeres transgénero puede ser asociado a una autoestima personal disminuida y a una vivencia de la sexualidad en un contexto de marginalidad social que potencian las conductas sexuales de riesgo y dificultan el acceso a la prevención, tanto como al examen de detección del VIH.

Las mujeres constituyen un grupo relevante que, si bien tiene una menor presencia estadística en la epidemia, requiere de mayor fortalecimiento de sus niveles de información y control respecto al autocuidado y la salud sexual en general. Promover la equidad de género en la respuesta al VIH supone acabar también con las desigualdades de género y de la violencia contra las mujeres y las niñas.

En Chile, la respuesta frente al VIH se ha construido con la participación activa y comprometida del sistema público de salud - que ha centralizado la respuesta estatal-, de diversas organizaciones no gubernamentales, de instituciones académicas, de sociedades científicas y también de agencias internacionales, entre las que destacan las agencias del Sistema de Naciones Unidas. Entre las organizaciones sociales se han destacado las personas que viven con VIH, los hombres gay, las mujeres transgénero, los jóvenes, las mujeres y los pueblos originarios, quienes han demandado acceso a prevención, a tratamientos y un trato inclusivo y no discriminatorio que se haga cargo de sus vulnerabilidades específicas.

En los 28 años transcurridos desde que se diagnosticó el primer caso de VIH en nuestro país, hemos sido testigos de una gran diversidad de iniciativas para instalar un alerta social e implementar acciones de prevención y de tratamiento para las personas que viven con VIH. Sin embargo, las resistencias y los desafíos siguen existiendo y tal vez el más significativo es la necesidad de aumentar los recursos financieros y los compromisos institucionales –más allá del sector salud- para invertir en acciones de promoción de una vida sexual saludable y en prevención del VIH.

Por otro lado, cuando el país dispone de acceso a tratamientos antiretrovirales garantizados por ley, el desafío prioritario es que las personas que viven con VIH, y no conocen su diagnóstico accedan precozmente al examen de detección y luego oportunamente al tratamiento. El estigma y la discriminación vuelve a ser un factor que aleja a muchas personas de estos servicios, aún cuando puedan estar disponibles.

La ley antidiscriminación de 2012 es el resultado de años de propuestas y discusiones que decantaron, producto de un gran movimiento social en repudio al asesinato de Daniel Zamudio, en un instrumento que penaliza la discriminación por diversas causas. Si bien es un instrumento de gran valor, la sociedad chilena tiene ahora la tarea de construir una cultura de aceptación de la diversidad, que facilite la convivencia nacional a la vez que el acceso a la prevención del VIH, el acceso al examen de detección y la adherencia a los tratamientos antiretrovirales.

El Programa Conjunto de las Naciones Unidas sobre el VIH y el Sida (ONUSIDA) ha establecido el imperativo de alcanzar el acceso universal a la prevención, al tratamiento, la atención y el apoyo relacionado con el VIH para detener e invertir la propagación del VIH y contribuir al logro de los Objetivos de Desarrollo del Milenio. Para esto ha propuesto una estrategia 2011-2015 que se orienta a revolucionar la prevención e impulsar una próxima fase del tratamiento, atención y apoyo, fomentando el respeto de los derechos humanos y la equidad de género en la respuesta al VIH.

Cuando se acerca un nuevo 1° de diciembre, fecha en que se conmemora el Día Mundial del SIDA, unamos esfuerzos para hacer realidad el lema central que interpreta además la visión de ONUSIDA.

 

 

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